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Historia por josé manuel rodríguez gómez

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el 21-11-2008 a las 17:00:21

Il Capo

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Historia por josé manuel rodríguez gómez (#164012)

Historia del Athlétic Club. Los años de la infancia.

Llegaron los británicos a Vizcaya con intención de hacer negocio comprando mineral de hierro y carbón para su industria siderúrgica. Otros llegaron ofreciendo sus conocimientos profesionales en ingeniería civil y naval en una comarca que se iba industrializando poco a poco. Y entre algunas otras cosas trajeron (a Bilbao, a Vizcaya y a España) una afición a un deporte raro, consistente en patear una esfera de cuero hasta que uno de los dos bandos gritaba “¡goal!” (pronúnciese “¡gol!”). Esta cosa rara se llamaba en su lengua “football”, castizamente adaptado a nuestra lengua como fútbol.

Corría el año 1894 cuando, el 3 de mayo, alguien tuvo la brillante idea de celebrar un “match” entre un equipo foráneo (de británicos) y otro de naturales (vizcaínos). Este partido tuvo lugar en los campos de Lamiaco y acabó, según cuentan las crónicas, en un vapuleo de los naturales frente a los foráneos. Sin embargo el deporte debió gustarle a los naturales, porque siguieron jugando al fútbol. Hasta tal punto creció la afición que a partir de 1898 un grupo de ellos le dio forma estable a su afición en forma de una sociedad que recibió el anglosajón nombre de Athlétic Club.

Este grupo de pioneros deportivos siguió en su afición, que fue creciendo y madurando, y fruto de ello, en febrero de 1901, en el Café García de Bilbao, se decidió formar una comisión que diese forma asociativa y reglamentaria a la sociedad. Tras una asamblea celebrada el 11 de junio en la que se nombró la primera directiva, el 5 de septiembre se aprobó definitivamente la constitución del Athlétic Club. Eran en aquel momento 33 socios.

Paralelamente otro grupo de pioneros constituía en 1900 la sociedad Bilbao Football Club con los mismo fines e intereses que la del Athlétic Club. Los dos equipos se convirtieron pronto en “eternos rivales”... hasta que dejaron de serlo por la fusión de ambas sociedades en 1903.

Ambos equipos disputaban sus duelos fratricidas (que son de risa comparados con los de hoy entre “eternos rivales”) en los campos de Lamiaco.

El primer uniforme oficial de que se tiene noticia lo vistió el Athlétic Club el 20 de enero de 1902. La camiseta era azul y blanca.

Ambos equipos, Athlétic Club y Bilbao F.C. se federaron para jugar dos partidos amistosos (ida y vuelta) contra un equipo de Burdeos. Había nacido el Bizcaya (sic). Con esta denominación compitió en el primer torneo oficial de fútbol organizado en España: el Trofeo Coronación de 1902, que conmemoraba la subida al trono de Alfonso XIII. Este torneo también indicó el comienzo del fútbol como fenómeno deportivo y social, siendo antes un entretenimiento de una minoría. Aquel trofeo fue brillantemente ganado por el Bizcaya, el primero de muchos. Venció en los tres partidos, jugados en Mayo de 1902, en Madrid.

El 29 de marzo de 1903 desaparecía el Bilbao F.C. por desidia de sus socios. Algunos de ellos se dieron de alta inmediatamente en el Athlétic Club para poder seguir desarrollando su afición al fútbol, con lo que la desaparición del Bilbao F.C. sirvió de refuerzo para el equipo superviviente. Decenios más tarde el Athlétic Club refundaría al Bilbao como club integrado en el esquema de equipos de la cantera del club.

Ya sin “eternos rivales” el Athlétic Club ganó las dos siguientes Copas del Rey, las de 1903 y 1904, esta última por incomparecencia de sus rivales.

El fútbol de entonces era de risa, mirado desde la óptica del negocio que es hoy. Los jugadores se zurcían y lavaban en casa sus camisetas, se pagaban ellos los viajes para jugar al fútbol, los socios no pasaban de cien... y no todos pagaban; no tenían campo de entrenamiento y a veces ni campo de juego (porque Lamiaco no era un estadio de fútbol sino sólo un descampado). En estas circunstancias no es de extrañar que hubiera equipos que no pudieran jugar los torneos. Bastante hacían con sobrevivir. Porque dinero tenían poco, pero lo que es coraje y cariño al fútbol, tenían de sobra, afortunadamente para los que, como yo, gracias a ellos disfrutamos hoy del fútbol. Del deporte, no del “bussines show” que hay a su alrededor.

Pero sigamos. Tras la Copa de 1904 el Athlétic Club estuvo a punto de desaparecer justo por estas mismas razones. Tanto es así que el 26 de marzo de 1905 apareció para jugar en Bilbao, por primera vez, el San Sebastián, y por lo visto le dieron un buen repaso al Athlétic Club mortecino con el que se encontraron. Como consecuencia de esta situación el Athlétic Club se federó con el Unión de Vizcaya para resucitar al Bizcaya. Con esta denominación se jugó la Copa de 1907, y aunque se perdió la final, por lo menos la solución evitó que el Athlétic Club se fuera a pique.

En 1908 el Athlétic decidió no jugar la Copa, por primera vez. Además de los problemas organizativos del torneo, el club seguía en fase delicada. A lo largo de 1909 el club retomó su actividad. Se volvieron a realizar entrenamientos periódicos (tan poco profesionales que los jugadores se los saltaban cuando querían; por cierto, el club no tenía entrenador, hacía sus veces el capitán del equipo), se volvieron a jugar partidos, y se volvieron a ganar. Se retornó por tanto a una dinámica razonable.

El 9 de enero de 1910 el Athlétic jugó en Irún contra el equipo local, el Sporting. Ganó el Sporting, pero eso, decenios después, importa poco. Porque ese día, por primera vez, el Athlétic Club lucía la camiseta a rayas rojas y blancas que desde entonces es su uniforme. Aquel día nació el Athlétic rojiblanco. El 20 de marzo, en San Sebastián, el Athletic ganó la Copa del Rey al Vasconia Sporting Club de San Sebastián. La primera Copa rojiblanca. La primera de muchas.

Al año siguiente, 1911, abandonó el Athlétic los campos de Lamiaco para jugar en el nuevo estadio de Jolaseta. Si se compara este campo con los actuales, da risa. Pero en aquella época, el que un club de fútbol tuviera un campo fijo, suyo, por así decirlo, indicaba el grado de madurez al que el club había llegado. Lamiaco era algo casi de prestado. De hecho, nunca hubo intento deliberado de convertir Lamiaco en un estadio. Simplemente, se empezó a jugar allí porque había sitio, y con el tiempo se fue adaptando el terreno para la práctica del fútbol. En cambio, Jolaseta es el intento consciente de asentar al club dándole uno de los elementos constitutivos: el estadio.

Ese mismo año de 1911 le correspondía al Athlétic organizar la Copa, que se celebró en Jolaseta, inaugurado así del modo más brillante posible. ¿Qué quién ganó aquella Copa? Adivinen. Sí, el Athlétic.

Y para rematar ese año prodigioso de 1911 el Athlétic dio otro paso hacia la madurez deportiva contratando al primer entrenador profesional, Mr. Shepherd. Con esta contratación el club adquirió uno de los rasgos que le haría reconocible durante años: el estilo de juego.

Con Mr. Shepherd, más toda la influencia británica que el Athlétic recoge desde sus inicios, el club adquirió un estilo de juego basado en lo que se llamó “fútbol-fuerza” (que algunos llaman “estilo inglés” de jugar al fútbol). El fútbol-fuerza basa el juego en la potencia física de los jugadores, en su capacidad para correr, saltar, y golpear la pelota, en su posicionamiento sobre el terreno y en las jugadas de estrategia. Recordemos que estamos hablando de una época en que no había mucha variedad de sistemas de juego, ni tampoco se habían inventado las florituras tácticas a que estamos acostumbrados hoy (tampoco habían nacido ni los técnicos ni los jugadores que las inventarían y llevarían a la práctica). Hoy el fútbol se basa en el movimiento de los jugadores con la pelota controlada. En aquella época el fútbol se basaba en el movimiento de la pelota sobre las posiciones de los jugadores. En consecuencia, este estilo de fútbol puede parecer a los ojos modernos algo tosco y sin brillantez. Pero en aquella época era el estilo de todos los clubes, más o menos.

La prueba de las virtudes de este estilo de juego se realizó ese año y los siguientes trayendo del Reino Unido a varios clubes para jugar contra ellos. Los resultados no fueron malos (ya había llovido mucho desde aquel “match” de 1894) y así quedó definido el estilo de juego del Athlétic.

El año siguiente, 1912, tuvo lugar algo inédito hasta entonces en los anales del fútbol español. Luego los clubes y la afición se irán acostumbrando y hoy, después del expolio de los clubes a la Hacienda Pública (llamado Plan de Saneamiento), después de ver que la Real Federación Española de Fútbol es una agencia de viajes privilegiada, y otras cosillas por el estilo, ya no causaría sorpresa. La Federación Nacional de Clubs (sic) de Football (antecedente de la actual Liga de Fútbol Profesional) reconoció el derecho del Athlétic a celebrar la Copa, con sede en Bilbao, pero “recomiendó” que cediera sus derechos y que se organizara en Madrid. Se montó un escándalo que llegó hasta el mismo rey Alfonso XIII pero en el que no se arregló nada. Conclusión: la Copa se organizó en Barcelona sin el Athlétic. Por primera vez en la historia del fútbol español la fuerza corporativa del sindicato de clubes pasó por encima de los pactos, los acuerdos, y hasta de la Casa Real. La excusa, como muchas otras veces, evitar “males mayores”, como si incumplir la palabra dada fuera un mal menor.

El 20 de enero de 1913 fue otro de los días históricos del Athlétic, aunque los que allí estuvieron presentes no fueran conscientes de ello. Ese día comenzaron las obras del estadio de San Mamés, la Catedral. El primer partido se jugó allí el 21 de agosto de 1913, contra el Rácing de Irún. Se empató a uno. Pero, a estas alturas del siglo XXI ¿a quién le importa el resultado?

Porque lo relevante es otra cosa. Aquel día por primera vez se juntaron en un partido del Athlétic dos elementos que los aficionados tenemos asociado indisolublemente a nuestro club: la camiseta rojiblanca y San Mamés. Aquella tarde fue la primera del Athlétic rojiblanco en su casa, en la Catedral.

En mi particular división de la historia del club cierro el primer capítulo aquí, una vez que hemos llegado al punto en que el Athlétic ha reunido tres rasgos que le identifican como tal: el campo, la camiseta, y el estilo de jugar al fútbol.

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el 21-11-2008 a las 17:06:36

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Re: Historia por josé manuel rodríguez gómez (#164019)

Historia del Athlétic Club. Los años de más gloria.

Este segundo capítulo de la historia del club nos llevará hasta 1939. Lo he titulado así porque en esta época el club obtuvo los mejores éxitos de toda su historia, lo que no es poco decir.

Comienzaron estos años con dos triunfos en la Copa seguidos de otros tres años en los que ni siquiera se clasificó para disputarla o abandonó la competición sin jugar. El fútbol seguía siendo poco profesional, y ello hacía que estos baches fueran bastante frecuentes entre los clubes de fútbol.

Aunque ya se hacía antes, el Athlétic hizo oficial el invitar a equipos extranjeros a Bilbao para jugar con ellos. Era una forma de preparar las competiciones oficiales de entonces, y también una forma de contrastar el fútbol del club con el estilo de juego de otras naciones. Los resultados de estos encuentros amistosos fueron mediocres en general, aunque vistos los resultados del club en las competiciones nacionales, nadie lo diría.

La Copa se comienzó a jugar de otro modo. Se crearon varias ligas regionales en las que todos los equipos geográficamente incluidos en ella y que lo deseasen jugaban entre sí. El premio era la clasificación para lo que podríamos llamar la fase final de la Copa del Rey: el campeón (y en algunos años también el subcampeón) recibía el derecho a jugarla. El Athlétic cayó dentro de la Liga Norte, tenida por la más fuerte de ellas (baste decir que de 10 equipos con los que comenzó la competición de Liga en 1928, cuatro procedían de la Liga Norte).

En estos primeros años jugaron en el Athlétic dos auténticos fueras de serie. El primero, Rafael Moreno Aranzadi, “Pichichi”. El segundo, Belausteguigoitia.

¿Quién no ha pronunciado el nombre de “Pichichi” alguna vez? Bueno, pues ese nombre no es un invento de la prensa deportiva para nombrar al concurso de máximos goleadores. Existió un “Pichichi” que era un goleador fuera de serie, tanto que dio su nombre al torneo de los goleadores de la Liga española. Por algo sería. Además de este torneo, su recuerdo se mantiene hoy tan vivo que hay un busto de él en el campo de San Mamés, el único jugador que tiene ese honor. Podemos decir que si San Mamés es la Catedral, el busto de “Pichichi” es el sagrario de la catedral. Puede leerse algo más sobre este excepcional jugador en el apartado que he dedicado a los más grandes jugadores de la historia del club.

José María Belausteguigoitia Pagazaurtundúa (Belauste para los amigos) era un jugador de una potencia física fenomenal. Por las descripciones que he leído de sus encuentros y sus jugadas, debía tener la potencia física de un Roberto Carlos (por citar a un jugador actual) en un cuerpo más grande y al menos tan rápido. O sea, debía ser de estos jugadores que metían miedo al verlos moverse. Y además no jugaba de defensa sino de extremo, por lo que Belauste debía meter mucho miedo a la defensa rival. Si además sumamos a todo esto el que tenía un disparo parecido al del Gran Berta, imagínense los estragos que formaba entre los rivales.

Sin embargo, al menos por una vez estos dos jugadores se encontraron con la horma de su zapato. Porque en la final de Copa de 1919 ni “Pichichi” ni Belauste lograron hacerle ningún gol al Barcelona. Pero claro, es que el portero del Barcelona era un tal Ricardo Zamora. ¿Le suena el nombre?

Zamora, “Pichichi” y Belauste. ¿Cuánto costaría el fichaje de estos tres, medido en términos actuales?

En 1920 se acabó la sequía copera del Athlétic, y se volvió a ganar el título.

Ese mismo año de 1920 la selección española de fútbol participó por primera vez en el único torneo internacional de fñutbol que entonces existía: las Olimpíadas. Desde nuestro punto de vista moderno se trataba de una selección de “profesionales”, pero teniendo en cuenta la inocencia de los profesionales de entonces, bien puede considerarse una selección “amateur”, aunque eso sí, bien plantada.

En esas Olimpíadas del año 20, en Amberes, España obtuvo la medalla de plata. No está nada mal. España tardó 72 años (hasta la Olimpíada de Barcelona) en superar esta marca.

Durante esta Olimpíada de Amberes de 1920 tuvo lugar el famoso gol de Belauste a Suecia. Belauste reclamó el balón a Sabino (también jugador del Athlétic) al grito de “¡A mí el balón que los arrollo!” Y cumplió su palabra, porque en la portería sueca entraron (se ignora el orden exacto) el balón, Belauste, tres defensas suecos agarrados a Belauste y el portero sueco, rodando por el suelo. Si no fuera por la prensa, que lo contó con todo lujo de detalles, parecería que esta anécdota es un chiste de futbolistas. Pues no. Es historia del fútbol. Así era Belauste, un tanque sobre dos piernas.

En Enero de 1921 jugó por primera vez la selección vasca en San Mamés. Lo hizo contra el Sparta de Praga, que ganó 2 a 3.

Ese mismo año 1921 “Pichichi” se retiró del fútbol. Decidió hacerlo estando en la cresta de la ola (campeón de Copa el año 20, y medallista de plata en Amberes). Posiblemente fue la primera vez que la afición del Athlétic vio, siendo consciente de ello, que se retiraba un gran jugador. “Pichichi” no vivió mucho más. Falleció al año siguiente, 1922. Tanto era el cariño que sentía por él la afición que en 1926 se colocó su busto en San Mamés. Allí sigue.

Y también en 1921 jugó, por primera vez, la selección nacional española de fútbol en San Mamés. Fue el 9 de Octubre, contra Bélgica, medalla de oro de la Olimpíada de Amberes y por tanto, la selección teóricamente más fuerte del mundo. Venció España por 2 a 0.

En 1927 el Alavés visitó San Mamés por vez primera. Perdió 4 a 2, pero el jugador más destacado fue uno del equipo de Vitoria: Jacinto Quincoces.

Al año siguiente, 1928, ocurrió algo que marcó la mayoría de edad del fútbol español y de sus clubes, que eran los que entonces sostenían en exclusiva al fútbol (no como ahora, en que se mueve tanto dinero dentro como fuera de los clubes). Ese año se creó la Liga Nacional de Fútbol con 10 equipos inscritos. El primer campeón de Liga fue el F.C. Barcelona. El Athlétic quedó en una honrosa tercera posición detrás del campeón y del Real Madrid.

La creación de la Liga marcó el paso del fútbol de un deporte más a un deporte popular (aún no de masas), quizá al más conocido dentro del país. La razón para ello es muy sencilla: se jugaba todos los domingos, había varias competiciones, los equipos eran muy de la tierra (todos ellos) ... y quien más quien menos se acostumbraba a seguir los resultados de los “muchachos” un domingo sí y otro también.

La Liga originó que el fichaje de jugadores pasese a cobrar más importancia de la que tenía previamente. El fichaje de jugadores de un club por otro era algo ya conocido y usado por todos los clubes. No se trataba por tanto de algo que la Liga crease. Lo que sí hizo la Liga fue crear la competencia por hacerse con los servicios de los mejores. Fue entonces cuando se creó que lo que hoy se conoce como mercado de fichajes. Habiendo otra competición oficial con más partidos, con otro trofeo en juego y, por primera vez, mucho dinero en movimiento alrededor de ljugadores y clubes (pronto surgirían también las quinielas), estos últimos recurrieron cada vez más a contratar jugadores, ya profesionales, con el objetivo de conquistar los títulos en juego y ganar el dinero que había involucrado en las competiciones.

Y en este punto surgió otra de las características del Athlétic. Sin renunciar a realizar fichajes (cosa que nunca ha dejado de hacer), el club prefirió centrarse en incluir en su plantilla desde jóvenes a los futbolistas que necesita para poder ser competitivo a condición de que fueran "naturales" (léase el capítulo anterior para entender la expresión). Al cabo la política de plantilla se desarrolló hasta generar (años después) a una visión de plantilla en la que el club clasifica extraoficialmente a los jugadores en tres círculos concéntricos: naturales de Vizcaya; naturales del País Vasco y Navarra; naturales de otras regiones españolas. Con posterioridad los dos primeros círculos se fusionarían (e incluso se añadiría, con sobrada correción política, a los vascofranceses en dicho círculo, aunque hasta la fecha sólo uno ha jugado con la primera plantilla, procedente de un club extranjero); el segundo círculo lo formarían los jugadores no nacidos en estas tierras, pero residentes en ellas, o con arraigo en la plantilla del club a través de las categorías inferiores; y el tercer círculo lo siguen constituyendo los naturales de otras tierras españolas y extranjeras. Insisto: sin renunciar a fichar a cualquier jugador que se requiera, el Athlétic estructuró su plantilla de modo que los jugadores del primer círculo original (Vizcaya) eran deseables en todo momento para el club; los del segundo (País Vasco y Navarra) eran potencialmente fichables; y los del tercero (resto de España) sólo excepcionalmente podrían ser considerados por el Athlétic para un fichaje. Como he dicho, el Athlétic hunde profundamente sus raíces sociales en la tierra que le vio nacer, y de ahí esta política tan restringida de fichajes.

A la corta, y a la larga, esta política de fichajes tiene un beneficio indudable: la identificación de la afición con el club, cuyos jugadores siente cercanos.

En aquel entonces, esta política no mermó la competitividad del club, como se verá más adelante.

Este incremento de los fichajes por parte de los clubes llevó en 1929 a la creación de la “Asociación de trabajadores del fútbol” (sic, entonces lo de “futbolista” no se llevaba). El primer objetivo de dicha asociación era evitar los conflictos que comienzaron a surgir como consecuencia de la cada vez mayor profesionalización de los jugadores, que trajo aparejada cada vez más picaresca de los clubes y de los propios jugadores para inscribirse en los torneos. Como vemos, nada hay nuevo bajo el Sol. Solo que el “fair-play” entonces sí existía y se consideraba deshonroso para un jugador hacer trampa en su ficha o en su inscripción para un torneo. Ya ven, eso sí ha cambiado, y mucho, desde entonces. Volveremos sobre este asunto más adelante.

Aparte de esto, el año 1929 no se le dio mal al club: ganó la Copa y la Liga, y ésta, sin perder un solo partido, la primera vez que tal cosa sucedió en la historia de nuestra Liga.

Se abrieron a partir de 1928 los años más gloriosos del club. Desde la temporada 1928-1929 hasta la 1935-1936 (última en la que se disputan Liga y Copa antes de la Guerra Civil) el Athlétic Club ganó 4 torneos de Liga (29-30, 30-31, 33-34 y 35-36) y 4 de Copa (30, 31, 32, 33), a los que hay que añadir dos subcampeonatos de Liga (31-32 y 32-33). Nunca el club ha llegado a tanto como en aquellos años.

Foto de la plantilla del Athlétic Club de 1933..

El mérito hay que atribuirlo a una generación de jugadores sobresalientes como los Aguirrezabala (Chirri I y Chirri II), Urquizu, Iraragorri, Gorostiza, Bata... más los esfuerzos de un entrenador de leyenda, Mr. Pentland, otro británico sin el cual no se entienden estos éxitos deportivos.

Foto de la época de Mr. Pentland, el inglés del bombín. Una de las tradiciones del Athlétic Club era que cada vez que se ganaba un trofeo, el capitán (Chirri II) le desfondaba el bombín de un puñetazo. Y vaya si tuvo que renovar varias veces el sombrero. Más sobre Mr. Pentland

Quizá a los “fumboleros” del siglo XXI no le suene alguno de estos nombres. Bata es ese jugador que metió seis goles en un mismo partido de Liga (récord absoluto; pero no tiene mucho mérito, en ese mismo partido el Athlétic marcó en total 12, récord absoluto de la competición), e Iraragorri, sólo por citar a otro, le pretendieron Real Madrid y Barcelona por 100.000 pesetas de las de entonces. Sumen a esas 100.000 la inflación y háganse una idea.

Desgraciadamente, la Guerra Civil acabó con esta generación de futbolistas. Algunos regresaron a Bilbao y al Athlétic Club tras la guerra, pero pocos en condiciones de seguir compitiendo. Otros se quedaron en América, jugando al fútbol. La actividad del club, reducida al mínimo a causa de la guerra, puso a éste, como tantos otros, al borde de la desaparición, sin jugadores, sin medios, y casi descapitalizado.

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el 21-11-2008 a las 17:13:31

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Re: Historia por josé manuel rodríguez gómez (#164026)

Historia del Athlétic Club. Volver a empezar.

Si el Athlétic Club no desapareció tras la guerra se debió fundamentalmente a tres factores. Primero, el club era el dueño de San Mamés. Teniendo donde jugar podía plantearse una vuelta a la competición. Segundo, al ser los jugadores del Athlétic de la tierra, de Vizcaya, no fue complicado reunir una plantilla, aunque, eso sí, su calidad no estaba en absoluto contrastada. Tercero, hubo gente dispuesta a asumir responsabilidad en el club y tirar del carro.

Así, cuando en la temporada 1939-40 se reanudaron las competiciones deportivas el Athlétic estuvo en condiciones de asumir el reto en la Primera División de la Liga. División de la que, por cierto, nunca ha faltado nuestro club. En las nuevas circunstancias no se hizo mal del todo dadas las circunstancias. En la Liga se obtuvo un honroso tercer puesto. En la Copa no se pasó de octavos. Pero el balance fue positivo: el Athlétic había vuelto.

En 1940, en un amistoso entre las selecciones de Vizcaya y Guipúzcoa debutó un jugador rojiblanco del que decían que prometía. Su nombre era Telmo Zarraonaindía, el gran Zarra. En la temporada 1940-41 debutó con el primer equipo. Otra novedad importante esta temporada fue la del nuevo entrenador, Juan José Urquizu, un antiguo jugador rojiblanco. Con Urquizu como entrenador harían su aparición en los campos de deporte algunos de los mejores jugadores que han vestido la camiseta rojiblanca: Gaínza, Iriondo... y por supuesto el gran Zarra.

A causa de la política gubernamental el Athlétic Club se convirtió desde el 13 de Enero de 1941 en el “Atlético de Bilbao”. El cambio de nombre no hizo ninguna gracia porque el nombre propio del club, desde que nació y hasta hoy, es Athlétic Club. Repetidas veces solicitó la Directiva que el club volviera a su nombre tradicional. Y al final se consiguió, aunque pasaron años antes de eso. Más de una vez me he preguntado cómo hicieron llamarse en esa época al Rácing de Santander o al Spórting de Gijón, por ejemplo.

Con Urquizu al timón y semejante promoción de jugadores, el Athlétic logró en la temporada 1942-43 los dos primeros títulos de la nueva era: un doblete, Liga y Copa, para que nadie dude de que el Athlétic estaba de vuelta. Tomen nota de la delantera de aquel equipo: Iriondo, Panizo, Zarra, Gárate y Gainza. La mejor de la historia del club. Una delantera impagable, literalmente. ¿Quién podía, entonces o ahora (si estuvieran en activo), pagar el traspaso de alguno de estos cinco? Unos pocos años después esta delantera sufriría una pequeña variación: Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gainza, la delantera que se sabían de memoria todos los aficionados españoles al fútbol.

Los años 40 fueron años muy buenos para el Athlétic. Consolidó su posición como uno de los grandes del fútbol, con una plantilla de ensueño, y con un palmarés de títulos envidiable. Fueron estos años los que permitieron también fijar de forma consciente y por primera vez la política de fichajes del club, basada en la contratación de jugadores de la tierra, es decir, Vizcaya. Esta política marcó un hecho diferenciador de la del resto de clubes, que comienzaron a respetar al Athlétic por lo que aún hoy es respetado: sin recurrir al mercado de fichajes, trabajando con la gente más cercana, el Athlétic ganaba títulos y se hacía respetar en el terreno.

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El equipo ganador de la Copa de 1950 posa para la prensa en el césped de San Mamés. En el centro de la imagen, sujentando el trofeo, el gran Zarra.

A finales del año 49 llegaron de visita a Bilbao tres equipos argentinos, nada menos que Newell´s Old Boys, el San Lorenzo de Almagro y el Rácing de Buenos Aires. Los tres equipos le ganaron al Athlétic, que seguía fiel a su estilo de fútbol frente al de los argentinos.

Y es que los años 40 marcaron otra transición en el fútbol. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, reanudadas las competiciones nacionales, el fútbol ya no era lo que antes. Las naciones de Sudamérica, que no se habían visto envueltas por ninguna guerra, habían seguido desarrollando el fútbol. Los clubes ya sí se dedicaban a buscar sistemáticamente a jóvenes dotados para este deporte, a los que incorporan a sus plantillas (antes era el joven el que se acercaba al club y decía “quiero jugar”). Además comenzaron a variar los sistemas tácticos. La defensa de tres o de cuatro (con dos defensas laterales) eliminó una de las armas del “fútbol británico”, la carrera de los extremos cada uno por su banda, hasta el área. Con este modelo existía un defensa en cada banda cuya misión era justo tapar a los extremos. La estrategia no era ya tan importante, se buscaba más al jugador capaz de controlar el balón y conducirlo hasta donde fuer necesario, si hace falta al otro extremo de la cancha.

Si alguno ha visto en la película “Evasión o victoria” la escena en la que Pelé le dice a Michael Caine cual es su táctica para meter gol, ya se hace una idea de lo que quiero decir.

En Centroeuropa también estaban cambiando las cosas. En Checoslovaquia y en Hungría una nueva generación de jugadores y de técnicos iba a revolucionar el fútbol europeo con sus nuevos sistemas: 2-3-3-2 y 2-3-2-3. Se trataba de un fútbol menos individualista como el sudamericano. Al contrario, la disciplina del posicionamiento era importante. El equipo era lo primero y el buen jugador jugaba para el equipo, ésa era la norma. Todos estos cambios eclosionaron en el Mundial de Suecia de 1958, pero ya a finales de los 40 se podía ver que las cosas iban a cambiar no tardando mucho.

Todo esto es fácil de ver a posteriori. En 1950 pocos en el fútbol español eran capaces de verlo. Sobre todo porque en el Mundial de ese año nuestra selección quedó en cuarto lugar, nuestro mejor resultado en un Mundial. ¿Porqué hemos de preocuparnos?

En ese Mundial Zarra marcó uno de los goles más famosos de nuestra historia a Inglaterra, tenida universalmente por la mejor selección del mundo. Ciertamente, como demostró Brasil, no lo era... pero nosotros ganamos a los ingleses.

En 1953 Zarra se retiró del fútbol activo. La afición le despidió con una de las ovaciones más grandes que se recuerdan en el antiguo campo de Chamartín, hoy de Santiago Bernabeu. La retirada de Zarra marcó la inflexión de una época en el Athlétic. Aquella maravillosa generación de futbolistas surgidos tras la guerra estaba desapareciendo; la edad no perdonaba. El relevo generacional se sumó a la aparición de los cambios en el fútbol que antes he indicado, y que en España se tradujeron en la presencia sobre el terreno de dos de los mejores futbolistas de la historia: Kubala y Di Stéfano, el uno representando a la escuela centroeuropea, el otro a la escuela americana. Cada uno con su estilo y los dos con talento sobrado para jugar al fútbol.

Renovarse o morir. El Athlétic fichó a un entrenador checo, Daucik, procedente del Barcelona (donde no lo había hecho nada mal: cuatro Copas). No se dio mal con el nuevo entrenador: tercer puesto en la Liga y campeones de Copa. Al año siguiente la cosa incluso mejoró: doblete de Liga y Copa, para que no hubiera dudas. Ambos trofeos los recogió el capitán, Piru Gaínza, que tiene el récord de finales de Copa ganadas: siete. Se dice pronto. Asimismo Gainza tiene el récord de goles marcados en un partido de Copa: ocho de un total de doce que marcó el Athlétic en aquel encuentro. Daucik fue sobre todo un entrenador técnico. Su mayor virtud fue la enseñar, a unos jugadores ya bien conformados y entrenados físicamente, la técnica del balón en juego y las tácticas de equipo derivadas. ya lo había hecho antes en el Barcelona. Con ello consiguió que unos jugadores que ya antes eran físcamente fuertes ganaran en técnica.

En la temporada 56/57 tuvo lugar un acontecimiento revolucionario: se pusieron en marcha las competiciones oficiales internacionales. En principio fueron tres: la Copa de Europa para los campeones (y en algunas temporadas los subcampeones) de las Ligas; la Recopa para los campeones de Copa y la Copa de Ferias para los primeros clasificados de las Ligas nacionales. Este hecho volvió a marcar el comienzo de una era en la historia del fútbol, y una inflexión para los clubes.

Con el comienzo de las competiciones internacionales el fútbol se convirtió definitivamente en un deporte de masas, de muchedumbres. Las Ligas, los Mundiales, ahora estos torneos... hicieron que el fútbol fuera un deporte que, a diferencia de otros, podía ser visto por los aficionados dos o tres veces por semana. La televisión permitió que el fútbol llegara hasta el rincón más apartado del país más subdesarrollado. Millones de personas en toda Europa vivían pendientes de la retransmisión del partido de su equipo. Y de la mano de esto vino el dinero. Mucho dinero. Dinero de las televisiones, de la publicidad, de las taquillas, de los traspasos. Dinero para fichar a jugadores de élite (eso que antes se llamaba un “crack” y ahora un “galáctico”) que permitieran conquistar esos torneos, y seguir ganando dinero. Porque ahora ya no era el fútbol el que movía al dinero. Era el dinero el que nmovía al fútbol, en una pirueta que alejó a los clubes de fútbol del deporte y los acercó más al negocio puro y duro.

En este nuevo mundo del fútbol el Athlétic, con su filosofía de plantilla y con su tradición de gestión del club sin pérdidas ni quebranto económico, no estaba en condiciones de competir. Cualquier club (se vio en el 86, y se está viendo ahora en el fútbol español) puede endeudarse hasta las cejas para fichar a un “crack” de allende nuestras fronteras que mete goles igual que yo bebo cervezas. El Athlétic, fiel a su política de fichar jugadores “de la tierra”, no puede ni endeudarse ni fichar a ese “crack”. Si lo hiciera, ya no sería el Athlétic Club, el club canterano y de administración austera, sin dispendios. Sería otra cosa. Y quizá la inmensa mayoría de los que seguimos al Athlétic ya no reconoceríamos como el club de nuestros amores a ese Athlétic derrochón y que prefiere a un Shevchenko (por caro e inútil que nos sea) antes que a un Urzáiz. Claro que aquí no todos están de acuerdo. De hecho, habría mucho que hablar sobre esto. Pero no es ésta la ocasión ni éste el lugar.

El dinero de otros clubes hizo que el jugador que pacientemente se había ido formando en el Athlétic, en el momento de su madurez deportiva podía alejarse del club en un solo día. Así pasó en el 57 con Garay (cinco millones y medio de los de entonces pagó por él el Barcelona) y quizá pase mañana con Joseba Etxeberría (creo que en 2005-06 la puja estuvo ahora en 20 millones de euros).

En este mercadillo en que se convirtió el fútbol (a veces mas que mercadillo, en auténtica cueva de Alí-Babá o en patio de Monipodio) el Athlétic juega con desventaja. Así son las cosas, no puede decirse de otro modo.

Por eso no es de extrañar que desde esa temporada hasta la actual la cosecha de títulos del club, aunque ha seguido, no sea tan espectacular como en los años previos.

Pero esto es fácil decirlo teniendo perspectiva. En aquella temporada 56/57 en que el Athlétic debutó en la Copa de Europa eliminado al Oporto estas preocupaciones no estaban cerca de las mentes de los aficionados.

El nivel competitivo del club se mantuvo estable durante la segunda mitad de los años 50 y durante los 60. Fue en esta época cuando en el fútbol español se empezó a distinguir entre los clubes “grandes” y los “modestos”, pero no por la historia o el patrimonio futbolístico acumulado, sino por su capacidad para defenderse en las competiciones, españolas o europeas, y también, y cada vez más importante, por su capacidad para gestionar recursos y movilizar ese dinero sin el cual el club ya no funcionaba deportivamente. El Athlétic permaneció entre los primeros durante estos años aunque la cosecha de títulos, tanto en España como en Europa, fue magra: dos Copas (más tres subcampeonatos), y en la Liga, un segundo puesto como mejor clasificación.

Al comienzo de los años 70 la afición del club ya empezó a ser consciente de los vientos que soplaban en el fútbol español y de que con la política del club siempre se partiría en desventaja. ¿Se pretendió cambiar entonces la política? No. Porque la tradición creada por el modo de hacer del club le identifica tanto como la camiseta rojiblanca y el estadio de San Mamés. Nadie deseaba, ni desea, dejar de reconocer al Athlétic por como es.

Es a finales de los años 60 y principios de los 70 cuando eclosionó por toda España el movimiento peñista del Athlétic. Curiosamente, cuando la afición tomó conciencia de lo que se avecinaba es cuando más creció ésta, cuando se agrupó en peñas y se organizó para apoyar y animar al club. Curioso ¿no? Pero es que los aficionados del Athlétic somos así.

El movimiento peñista cobró fuerza y entidad en poco tiempo. La primera peña (la Juvenil del Athlétic, en Bilbao) nació en el 69, y en marzo del 73 ya fueron suficientes como para organizar el 1er Congreso de Peñas en Bailén (Jaén), siendo la peña de Bailén la anfitriona.

Había plantilla y hay afición, lo que no está mal en tiempos de crisis. ¿Falta algo? Por supuesto, la cantera.

En la temporada 69/70 el Athlétic tomó una decisión crucial. De hecho, para un club como el nuestro, una decisión de vida o muerte. Se tomó la decisión de construir Lezama como semillero de los futbolistas del futuro. Las instalaciones comenzaron a funcionar la temporada siguiente. Se acometió además una remodelación de los equipos de categorías inferiores para ponerlos al servicio de la primera plantilla.

El puente entre el decenio de los 60 y los 70 vio como surgía una nueva generación de futbolistas que elevó el nivel competitivo del club por encima de los años anteriores. Son los años en que aparecieron los hermanos Rojo, Villar, Sáez, Irureta, entre otros. Los aficionados ya llevaban un tiempo viendo bajo los palos a José Ángel Iríbar “el Chopo”, y sobre el césped a un chaval joven llamado Javier Clemente, al que una lesión truncó su más que prometedora carrera. Más adelante aparecieron Carlos, un goleador de la estirpe de los buenos, y Daniel Ruiz “Dani”, uno de los mejores extremos derechos de la época, con olfato de gol incluido.

Así afrontaba el Athlétic su entrada en los 70.

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el 21-11-2008 a las 17:14:23

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Re: Historia por josé manuel rodríguez gómez (#164027)

Historia del Athlétic Club. El fútbol ya no es lo que era.

Se iban imponiendo las tácticas venidas de América. Es la época en que todo equipo que se preciara jugaba con un 4-3-3 (un delantero centro y dos extremos), o en ocasiones con un 4-4-2 en línea con dos medio centros (la cursilería del “doble pivote” es un invento posterior), o sólo con uno por delante de la defensa y otro entre líneas asistiendo a los delanteros (puesto al que pronto se llamaría "falso punta" o "media punta"). Es la época en que todavía había dos extremos, uno por cada banda, lo que le daba un poco de aire fresco a las teorías del fútbol-fuerza.

En Europa un grupo de jugadores se hicieron famosos y situaron a su nación, Holanda, en la élite del fútbol mundial. Su mérito fue haber inventado aquello que se dio en llamar el "fútbol total". Para la aplicación práctica de este principio contaron los holandeses con uno de los mejores jugadores de la historia: Johann Cruyff.

Y mientras esto sucedía, resultó que los primeros 70 fueron razonablemente buenos para el Athlétic. Se notaba que iba cuajando el grupo de jugadores con que contaba el equipo. Se ganó una Copa y se consiguió jugar la Copa de la UEFA (sustituta de la Copa de Ferias) durante cuatro temporadas consecutivas.

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Final de la Copa del Rey del año 1973. Encabeza el equipo Dani. Detrás de él, con barba, Guisasola.

El punto álgido de estos años llegó en 1977. Ese año el Athlétic jugó la final de la UEFA contra la Juventus. La ilusión de la afición fue enorme, teniendo en cuenta que el Athlétic había tenido resultados modestos en las competiciones internacionales. Ésta podía ser la ocasión perfecta. Lamentablemente, no lo fue. La Juventus ganó la Copa de la UEFA gracias al valor doble del gol en campo contrario que metieron en San Mamés. Chechu Rojo lloró amargamente sobre el césped al final del partido y con él varios miles de aficionados.

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Sobre el césped de San Mamés posan los 16 jugadores convocados para el partido de vuelta de la final de la UEFA.

Los años que siguen estuvieron en la línea previa al 77.

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Plantilla del Athlétic Club, temporada 1977-1978. Del póster oficial de ese año.

Aquí, una disgresión sobre un tema importante. Durante los años 60 y primeros 70 los clubes de fútbol (menos la Real Sociedad y el Athlétic) ficharon jugadores extranjeros. Su número era limitado por las reglas de la competición. Pero eso no era suficiente para clubes que necesitan futbolistas que les dieran dinero (igual que ahora). Entonces se inventaron lo de los “oriundos”, es decir, jugadores con pasaporte extranjero pero de padres o ascendencia española, o incluso nacidos en España aunque luego criados en otras tierras, y por tanto, jugadores de fútbol que no ocuparían plaza de extranjeros. Precioso. Así empiezaron a aparecer como hongos brasileños, argentinos y africanos de padre alicantino, o abuelos de Segovia, o incluso nacidos en Ciudad Real aunque nadie se acordaba. Tanta coincidencia mosquearon a la Real y al Athlétic, que tiraron de la manta y se encuentraron con un espectáculo precioso: falsificación de partidas de nacimiento, de bautismo, de pasaportes, declaraciones juradas de paternidad de difuntos años antes de que naciera su presunto retoño... y unos clubes de fútbol que TODOS, y lo repito, TODOS, menos los dos que ya sabemos, habían cerrado los ojos.

Escándalo monumental, lamentos en todos los clubes que vieron por un momento la posibilidad de perder títulos, categoría y muchos millones. La honra ya la habían perdido, pero eso les daba igual. La Federación montó una comisión investigadora (¡estupenda manera de averiguar las cosas!) que fue rumiando el tema, leeeeeentamente. Justo hasta que pasó lo que esperaban: murió Franco, S.M. el Rey Juan Carlos accedió al Trono, y promulgó una amnistía general. Que también cubrió a los clubes de fútbol. Así que la comisión investigadora se despertó, concluyó que en efecto se había hecho trampa, pero que no se podía sancionar a nadie, y que adiós al tema. La escena debió ser algo así como “que sí, que sí, que tienes razón, que se hizo trampa, pero, hombre, si el Rey ha dado un perdón... no podemos ir contra el Rey. Así que nada, pelillos a la mar y a seguir jugando.”

No era la primera vez que un Rey de España era usado como excusa para tapar las mierdas del fútbol español, recuérdese lo de la Copa de 1911.

Lo dicho, el fútbol ya no es lo que era. O quizá sí. Cambien “oriundos” por “comunitarios B” a ver si les suena.

La vida sigue. Los jugadores de la final de la UEFA fueron despidiéndose del equipo (Rojo, Irureta, Iríbar...), pero aparecieron otros, los que podríamos llamar la primera promoción de Lezama. Así, junto a unos consolidados Dani y Carlos jugaron Alexanco (un defensa central de rompe y rasga que luego fue fichado por el Barcelona; su puesto fue cubierto por Andoni Goicoechea), Churruca, Urquiaga, un tal Estanislao Argote que tenía un toque de balón que maravilla, Sarabia, el nuevo goleador del equipo, Zubizarreta, y otros.

Al Athlétic Club se le atragantaban las teorías futbolísticas de los entrenadores extranjeros que llegaron al club. Así que recurrió a hombres de la casa. Primero a Iñaqui Sáez (seleccionador nacional durante la EuroCopa de Portugal en 2004, y durante muchos años seleccionador de selecciones de edades inferiores, con una buena cosecha de éxitos) y luego...

En 1981 sucedió una revolución pero nadie se dio cuenta. Javier Clemente fue nombrado entrenador del club. Se trataba de un hombre de la casa, curtido como entrenador en las categorías inferiores, antiguo jugador del club que ya con 17 años vistió los colores de la camiseta nacional y al que una grave lesión apartó para siempre de jugar al fútbol. Nadie le conocía salvo la gente de dentro de la casa. Y nadie sabía qué será capaz de hacer.

Con Clemente al mando, y con la plantilla de jugadores que más o menos ya he enumerado, el Athlétic encaró la temporada 82-83, y ganó la Liga. Al año siguiente, como en los buenos tiempos, se superó el club a sí mismo: doblete de Liga y Copa. Y aquí hay algo más que decir.

En la temporada 83-84 tuvieron lugar dos de las peores agresiones del fútbol español hasta la fecha. Primero, Andoni Goicoechea se llevó por delante a Diego Armando Maradona de manera inexcusable. Luego, en la final de Copa entre el Athlétic y el Barcelona Bernd Schuster (entrenador del Real Madrid a partir de la temporada 2007/20008) se dedicó a torcer tobillos rojiblancos, y Diego Armando Maradona se llevó por delante a Miguel Sola. Se lió una gresca monumental sobre el césped, con el partido ya acabado, en la que, entre otras cosas, Migueli repartió recuerdos entre los jugadores del Athlétic (con persecución detrás de ellos incluida) hasta que Patxi Salinas le plantó los tacos de la bota en la espalda. Espectáculo vergonzoso que transformó una fiesta del fútbol, la final de la Copa del Rey entre dos de los grandes e históricos de nuestro fútbol, en una batalla campal. Inexcusable.

Por eso yo, de esta temporada, prefiero guardar el recuerdo de la victoria contra la Real Sociedad en San Mamés que nos dio el título de Liga. No sólo por la victoria en sí, sino porque en ese partido Íñigo Liceranzu marcó los goles 2.999 y 3.000 del Athlétic en la competición. Mejor broche para cerrar el triunfo, imposible.



Volvió a repetirse la vieja historia: la generación de futbolistas del doblete se fue retirando poco a poco o acabó en otros clubes.

Ésa es la maldición de los clubes de cantera. Como todavía no se pueden producir humanos en serie, o por lo menos en Lezama no se puede, nadie puede garantizar la presencia de “cracks” de forma continua en la primera plantilla. Cuando una generación de futbolistas se retira, o se marcha a otro sitio, nadie puede garantizar que los que vienen sean de la misma o mayor calidad. Y si lo son, lleva años hacerlos madurar.

Así que tras una nueva final de Copa en el 84 (en la que se perdió frente al Atlético de Madrid), el club inició una de las peores rachas de resultados de su historia hasta llegar a la famosa Liga del “play-off” en que nos vimos en el grupo de los que se jugaron escapar del descenso. Que escapamos, claro, pero el apuro y el susto fue grande.

Pasaron unos años en los que el club no pareció encontrar su rumbo en lo deportivo, y pese a los entrenadores que se sucedieron, no hubo manera de enderezar la situación.

Estos años, mediados de los 80, vieron a otros clubes más desorientados aún, pero por otras causas.

¿Pensaban ustedes que los escándalos de nuestro fútbol se limitaban a lo de los “oriundos”? Pues si eso pensaban, sepan que el récord estaba aún por llegar.

Sucedió que los clubes españoles (salvo dos) se habían gastado hasta lo que no tenían, que estaban endeudas hasta las cejas, y que aunque vendieran todos los bienes activos, todos ellos, salvo cuatro, seguirían debiendo dinero (esto es lo que en términos mercantiles se llama “situación de quiebra”). Claro, llegó un punto en que hasta los mismos directivos se asustaron porque se veían en la cárcel y pasando a la historia como liquidadores de clubes gloriosos.

Entonces astutamente comienzaron a desplegar su operación de salvamente. Yo lo cuento como entiendo que fue. Se dedicaron a llorarle al Gobierno y a los Ayuntamientos (Diputaciones Provinciales, Comunidades Autónomas, y en general cualquier Administración pública que estuviera a tiro), y a presionarlos todo lo que pudieron, para que de la Hacienda Pública saliera el dinero que pagara todas esas deudas. Y lo lograron a través del llamado Plan de Saneamiento. El Gobierno les pidió sus cuentas (las de verdad) a los clubes, auditó su estado financiero, y habilitó dinero de nuestros impuestos para sufragar las deudas. Claro que a cambio, como quien concede un gran favor, los clubes aceptaron convertirse en Sociedades Anónimas Deportivas y aceptaron, con la boca pequeña, como se vio luego, que todos los años se les auditase el estado económico, de manera que el que tuviera deudas no avaladas por el capital social de la S.A.D. sería descendido.

De convertirse en S.A.D. sólo se libraron los clubes que no estaban en quiebra: Real Madrid, Barcelona, Atlético Osasuna y Athlétic Club.

Estos dos últimos, además, no tenían deudas, y se indignaron enormemente por el trato que el Gobierno daba a los clubes. Cuanto más manirroto se había sido, tanto más dinero se recibía. Visto el panorama, el Athlétic negoció con el Gobierno que los 492 millones de pesetas que había costado remodelar San Mamés para los Mundiales del 82, y que habían sido asumidos íntegramente por el club, fueran también sufragados con dinero público. La respuesta fue no. La moraleja que sacó la Directiva del Athlétic era que había que ser un sinvergüenza para recibir dinero del Plan de Saneamiento. Y por ahí no estaban dispuestos a pasar.

El modo de gestionar el Athlétic Club había sido un rasgo un tanto diferenciador frente a otros clubes, pero en este año maravilloso del Plan de Saneamiento se convirtió en otra de las señas del club, frente a las S.A.D. y los clubes manirrotos, que no tardarían mucho en volver a las andadas.

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Entrada para San Mamés, de la segunda mitad de los años 80. Uno de mis recuerdos personales.

Volvamos a lo deportivo. Con todo este jaleo y los malos resultados no es de extrañar que el Athlétic anduviera desorientado. La Directiva trató de paliar los resultados deportivos con fichajes. Así, llegaron al Athlétic jugadores como Iturrino, Uralde, y más tarde Loren, que formaron plantilla junto con la nueva hormada de jugadores de Lezama: Urrutia, Garitano y Andrinúa, entre otros. Por desgracia, estos fichajes no rindieron lo que se esperaba. Peor aún, el Athlétic cayó en la cuenta de que para él, con su política de plantilla, los fichajes tenían una inflación especial. Cuando se intentó fichar a Beguiristain y a Jon Andoni Goicoechea se vio claro que o el club tenía que endeudarse o renunciar a ellos frente a clubes que sí estaban dispuestos a generar deuda pagando una millonada por un jugador. Como eso chocaba con la política de gestión del club, hubo que renunciar. Y además, como todos los presidentes de clubes conocían cual era la política de cantera del Athlétic y sabían que por tanto el número de jugadores potencialmente fichables era reducido, rápidamente se agarraban a las cláusulas de rescisión. O la pagas o no hay jugador. Y como no hay alternativas a este jugador porque no hay otros que sean adecuados según la política del Athlétic, la duda estaba en si pasar por el aro o no, generar deuda o aguantarse sin refuerzos.

La segunda mitad de los años 80 y primeros 90 fueron duros para el club por estas razones. El nivel competitivo se mantenía más o menos estable gracias a las aportaciones de Lezama, pero sólo eso no podía llevar hasta una final.

A mediados de los 90 la situación del fútbol español degeneró rápidamente. La entrada del dinero de las “plataformas digitales” alivió momentáneamente la situación económica de las S.A.D. que estaban otra vez gastando lo que no tenían. Pero provocó una inflación asombrosa en el precio de los fichajes.

En 1992 llegó al Athlétic Club como entrenador Jupp Heynckes. Este alemán es uno de los mejores entrenadores que ha tenido el club en su historia. Heynckes pudo disponer de una plantilla con jugadores experimentados (Andrinúa, Valverde, Garitano, Mendiguren), a los que se sumaron fichajes que hicieron al club más potente: Ziganda, el nuevo goleador del club, Larráinzar y Bittor Alkiza, un lujo de jugador que por cuestiones personales tuvo que marchar de su equipo de siempre (la Real Sociedad) para demostrar lo bueno que era jugando al fútbol. Detrás venía empujando fuerte una nueva generación de jugadores: Aitor Karanka, Larrazábal, y sobre todo un joven de 17 años llamado Julen Guerrero al que precisamente Heynckes hizo debutar en Primera División y vaticinó de él que sería una estrella.

Con esta plantilla el Athlétic recuperó un poco el aliento y mejoró sus clasificaciones en la Liga.

La marcha de Heynckes en el 94 se acusó bastante, y el nivel de juego, y los resultados, empeoraron en consecuencia, hasta llegar a un punto ridículo en la temporada 95-96, de la mano de un entrenador que no se sabía si lo era de fútbol o de petanca.

La cosa no iba muy bien pese a que el nivel de la plantilla era en general bastante bueno, algo que puede medirse en términos de jugadores llamados a la selección nacional y en el resultado de los goleadores. Pero la cosa no carburaba del todo.

Llegó entonces a San Mamés un entrenador peculiar, el francés de Tarifa, Luis Fernández, un hombre de gran simpatía y también de gran conocimiento de fútbol. Con Luis las cosas se enderezaron un poco. La plantilla se reforzó con fichajes como el de Urzáiz (un delantero recio y fuerte, y además con un toque de balón preciso) y el de Bixente Lizarazu, el primer jugador francés en la historia del Athlétic, un lateral izquierdo de los mejores del mundo. Lamentablemente, este pájaro voló rápidamente de Bilbao a Munich. Antes se había fichado a Joseba Etxebarría, que es quizá el mejor extremo derecho del fútbol español actual. Entonces tenía 17 años y ya prometía.

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Joseba Etxeberría y Julen Guerrero celebran un gol del segundo. San Mamés, año 1998.

Con Luis Fernández la Liga se dio un poco mejor. La primera temporada de Luis se consiguió plaza en la UEFA, y en la siguiente, año 98, se consiguió plaza en la Liga de Campeones, con subcampeonato de Liga incluido, el mejor resultado del Athlétic desde entonces.

En ese año mágico, 1998, el club celebró su primer centenario. Quien lo diría. De un centenario puede esperarse que esté lleno de achaques. Pero el Athlétic se mantiene fresco, sin deudas, con una plantilla equilibrada y potente que precisamente ese año volvió a ilusionar a la afición. Además, y esto es importante, las tradiciones en que se basa el club y que son las que le hacen identificable se conservan vivas. No se trata de recuerdos apolillados del pasado, sino de un modo de ser y comportarse que se mantiene sano: la cantera, los jugadores de la tierra, la gestión austera, el señorío en el saber estar...

El congreso de peñas del Centenario tuvo lugar en Bilbao. Aún me acuerdo del Teatro Arriaga repleto de peñistas, y del Parque Etxeberría a rebosar de gente que había acudido al hermanamiento de las peñas. Todavía me acuerdo de la estupenda conversación que mantuve con mis vecinos de mesa, los de la peña del Athlétic de San Sebastián (esos sí que tienen mérito). Y como guinda sobre la tarta, San Mamés remodelado sin las vallas de protección, en un partido que ganamos 3 a 0 y que nos permitió ocupar plaza de Liga de Campeones por primera vez en la temporada.

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el 21-11-2008 a las 17:20:38

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Re: Historia por josé manuel rodríguez gómez (#164039)

Historia del Athlétic Club. Hoy y mañana.


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Alineación típica de la temporada 1999/2000. De izquierda a derecha, de pie: Roberto Ríos, Lacruz, Imanol Etxeberría, Urrutia, Javi González y Guerrero. De izquierda a derecha, arrodillados: Felipe Guréndez, Óscar Vales, Joseba Etxebarría, Larraínzar y Ezquerro.

Las dos siguientes temporadas se dieron mal, pese a la continuidad de Luis Fernández en el banquillo. Se llegó al extremo de que en una temporada no se repitió el mismo equipo dos veces, en un bloque que llevaba años jugando junto, y de que el entrenador (sin muchas explicaciones), dejara en el banquillo a Julen Guerrero, que era el jugador franquicia del club. Evidentemente se había llegado al fin de una era y así lo entendió la directiva, que, tras el fin del contrato de Luis fichó a Chechu Rojo (que ya había sido entrenador del Athlétic años antes). Los resultados tampoco acompañaron. El bajón de juego del equipo (del que solo se salva Bittor Alkiza) puso nervioso al entrenador, que perdió un tanto su sitio. Al final se salvaron los muebles de la quema, y poco más.

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Alineación típica del Athlétic Club en la temporada 2000/2001. De izquierda a derecha, de pie: Ezquerro, Lafuente, Urrutia, Alkorta, Guerrero y Urzáiz. De izquierda a derecha, arrodillados: Larrazábal, Del Horno, Orbáiz, Joseba Etxebarría y Larraínzar.

Así, en 2001 volvió a Bilbao Jupp Heynckes, que fue recibido con cariño por la afición. Jupp insufló nueva moral a la plantilla. Con él subieron nuevos jugadores a la primera plantilla: Fran Yeste, David Karanka (hermano de Aitor, que justo esa temporada regresó al Athlétic), Arriaga y otros. Las dos etapas de Heynckes en el club han significado la llegada al primer equipo procedentes del filial de un buen puñado de jugadores jóvenes.

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Presentación oficial de Jupp Heynckes como entrenador del equipo, junto a Javier Uría (centro) y Julen Guerrero (izquierda).

La temporada 01/02 se hizo una primera vuelta sensacional, pero se perdió fuelle en la segunda, hasta llegar a que en los últimos cinco partidos sólo se sacó un punto. Adiós a la UEFA con la que se soñaba, y eso que la tuvimos cerca. En la Copa del Rey, después de varios años sin hacer nada digno de mención, se llegó a la semifinal, que se jugó contra el Real Madrid y desgraciadamente, ahí acabó la competición para nosotros porque el Real Madrid eliminó al Athlétic Club.

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Ismael Urzáiz, en el partido de vuelta de la semifinal jugada contra el Real Madrid.

Para la siguiente temporada (2002/2003) Heynckes tomó nota y cambió la preparación física. La primera vuelta de esta temporada 02/03 es como para olvidarla. Incluso se llegó a estar en puestos de descenso. Pero luego el club remontó el vuelo y en una segunda fase sensacional se llegó a ocupar plazas de UEFA. Por desgracia, el partido definitivo se tuvo que jugar en el Santiago Bernabeu contra un Real Madrid que si ganaba era campeón, y además con el mazazo moral de la muerte del presidente del Athlétic, Javier Uría. Al final se escapó la UEFA.

Heynckes se marchó de Bilbao un tanto mosca a causa del trato recibido por la prensa. Y en su lugar llegó al club Ernesto Valverde, con quien esperamos que el Athlétic ocupara el lugar que se merece. Respecto a la plantilla, hubo que lamentar la marcha de Bittor Alkiza, pero se contaba con la cantera (como siempre) y con el valor de jugadores que aun siendo jóvenes tenían ya maneras de veteranos: Yeste, Orbáiz, Roberto Martínez “Tiko”, Ezquerro, Aranzubia... Sobre ellos descansaba el Athlétic de entonces.

En la dirección, Ignacio Ugartetxe sustituyó a Javier Uría. Más tarde ganó la presidencia Fernando Lamíkiz, y comenzó una nueva etapa.

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Javier Uría, fotografiado en la última asamblea de socios que pudo presidir. Descanse en paz.

De este modo llegamos al día de hoy, en que el fútbol español atraviesa otra de sus crisis y otra vez debido al dinero.

El patrimonio de las S.A.D. se consumió hace años. Las ampliaciones de capital y el dinero de los grandes empresarios que entraron en los clubes, también. Además, algunos de los empresarios que entraron en las directivas de los clubes como socios capitalistas empiezaron a estar hartos del fútbol (otros, por el contrario, descubrieron que el fútbol era un negocio genial con el que hacerse ricos y famosos, y ahí siguen). El dinero de las televisiones se había gastado antes incluso de ingresarlo en las cuentas. Literalmente. Luego se entró a saco en el negocio de los derechos de imagen tanto del club como de los jugadores, y con la venta de productos licenciados, desde equipaciones y material deportivo hasta calzoncillos y preservativos. Pero eso era poco. Lo siguiente fue presionar a fondo a las autoridades municipales para obtener más dinero público procedente de los Ayuntamientos y Diputaciones, con la excusa de la promoción del deporte. ¡Más, más! Ése era el grito de los presidentes.

Con los clubes instalados como “lobby” de los Ayuntamientos se explica que cuando, por deudas y en aplicación de la ley, se intenta descender a un club de Primera, las directivos de dicho club presionan a Alcaldes y Presidentes de Diputaciones sacando a la calle a sus indignados seguidores. Y les funciona: la ley no se aplica, los clubes no descienden aunque tengan deudas o se nieguen a dejarse auditar por el Estado. Al menos en Primera. Ya reza el dicho popular que el que tiene padrinos se bautiza.

Lo que pasa es que este chollo funciona si tienes nombre y tirón. O dicho de otro modo, si eres de Primera División tienes mucho a tu favor para escapar de la quema. Si eres de Segunda A, uy, cuidado, ya no eres tan atractivo. Y si eres de Segunda B ya puedes darte por muerto. Por eso el último truco (la última trampa) de nuestro fútbol es que no haya descensos de Primera División. En ello anda la Liga de Fútbol Profesional.

Los clubes de fútbol necesitan dinero, y mucho, para que el negocio siga funcionando, y ya no saben qué hacer para conseguirlo.

En este panorama, el Athlétic ha hecho lo que parece más sensato, y es ajustar la gestión del club para evitar el despilfarro en tonterías, economizar en lo superfluo, y ser más austeros en la retribución de los jugadores.

Todo esto sin que el club deje de crecer, que es lo impresionante. La cantera sigue tan firme como estaba. Mejor aún, diría yo, gracias a esa maravilla llamada plan DENA, consistente en aumentar el radio de acción de los filiales del Athlétic a través de los convenios con otros clubes, la creación de “mini-Lezamas”... y la renovación de instalaciones y actividades de la propia Lezama y de los equipos que de ella dependen.

Ésta es la verdadera herencia de Javier Uría. Sólo por ello ya hay que darle las gracias. Y lamentar que no pudiera ver cómo su plan marcha adelante.

Más aún, el Athlétic dispone ahora de una sección de fútbol femenino (levantada sobre la base de dos clubes ya existentes) que proyecta la actividad futbolística a la sociedad de una manera más óptima. Con lo que se refuerza la afición a los colores y se abren nuevas vías de promoción de nuestros colores. Y vuelve a demostrarse que lo que al Athlétic Club le interesa es el fútbol por encima de otras consideraciones.

Tan seguro se encuentra el Athlétic de que su política es la correcta, que ya se planea la construcción de un nuevo estadio que sustituya a San Mamés, que con casi 90 años de servicio al club (¡casi nada!) ya ha llegado al final de su vida útil.

Así finalizo este capítulo, con el Athlétic, en medio de la crisis y el marasmo del fútbol español, como siempre ha estado: fiel a sus colores, a su gente y a su tradición. Como le queremos.

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Por Eborense

Eborense

el 25-11-2008 a las 12:34:54

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4 posts desde el 25-11-2008

Re: Historia por josé manuel rodríguez gómez (#166960)

Buenos días.

Soy José Manuel Rodríguez, el autor de la web de la que se ha extraído este capítulo. Las estadísticas de mi web me dicen que las imágenes de mi web no se han subido a MiAthletic.com, sino que se han enlazado desde esta entrada. Creo que a eso se le llama "hot-linking". Como consecuencia, cada vez que un usuario la visualiza, el ancho de banda lo pongo (y lo pago) yo a través de mi hosting. No estoy dispuesto a ello. Por favor, eliminad las imágenes, o subidlas a otro servidor.

Gracias y un saludo.

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Por yup

yup

el 27-11-2008 a las 07:56:53

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Re: Historia por josé manuel rodríguez gómez (#168348)

estoy en ello gracias

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Por yup

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el 27-11-2008 a las 12:13:41

Il Capo

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Re: Historia por josé manuel rodríguez gómez (#168362)

creo que ya esta todo, si tu ves que falta algo me avisas, gracias

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